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Perdiéndonos en los deseos ajenos.

  • miguelrpo91
  • 24 sept 2024
  • 4 Min. de lectura

Nacemos habiéndolo olvidado todo. Comenzamos una experiencia en la tierra dentro de un cuerpo nuevo, con una Mente en blanco. Lo que a su vez nos permite vivir experiencias únicas y desarrollar una personalidad única y coherente con nuestro propósito de vida. Nacer completamente ignorantes, vulnerables e indefensos nos lleva a querer imitar a nuestro entorno para sobrevivir en esta encarnación. Nos pasamos la vida imitando todo lo que vemos, oímos y experimentamos, que desde un comienzo lo hacemos de una manera inconsciente e intuitiva. Sin embargo, con el pasar de los años, vamos construyendo una personalidad y carácter necesario para actuar ante la vida de una manera coherente y que nos encamine a cumplir nuestro propósito, trascender limitaciones, recordar la infinita sabiduría propia de nuestro Ser, elevar nuestro nivel de consciencia y retomar la fuerza y poder que nos corresponde como parte de la Unidad, de Dios.


Durante nuestra niñez y el proceso de madurez de nuestra personalidad física y espiritual es más que aceptable que se lleve de una manera inconsciente, como si aún estuviéramos dormidos. A lo largo de nuestros primeros años es más que normal aceptar sólo vivir imitando a nuestros padres, familia, amigos y entorno; allí buscamos aprender a sobrevivir en la tierra y a no ser “devorados” por el afán de otros para ganar y tener el control. Sin embargo, al llegar a una edad madura y adulta, se nos invita a despertar, a abrir los ojos y comenzar a recordarlo todo, toda misión que hemos de vivir para aprender, toda experiencia que el Espíritu planeó para trascender y recordar todo poder y fuerza que alguna vez nuestro Espíritu olvidó tener.


La edad adulta, aquella en donde nos damos cuenta que hemos de abrir los ojos y asumir todo detalle de la vida que sólo nosotros hemos creado, es una edad en donde se puede ver en las personas ciertos trastornos de la personalidad, entre ellos, la constante Envidia que se siente ante las posesiones físicas, de personalidad o espirituales que otros seres tienen. En la edad adulta se manifiestan personalidades en los seres humanos, que parecieran que aún viven en el olvido, actuando con los ojos cerrados, viviendo “la carrera de la rata” y tan sólo limitándose a imitar a su entorno. Vivir aún en el olvido, dormidos y tan sólo limitados por el deseo intuitivo de sobrevivir, lleva a muchas personas a asumir personalidades basadas en la envidia, Seres que no se satisfacen con todo lo que son o con lo que poseen, siempre deseando lo que otras personas son o los bienes que tienen.


Una persona envidiosa es quien vive con resentimiento por todo lo que otros tienen, ya sea bienes materiales, cualidades, conocimientos, atributos o madurez espiritual. Todo esto causa sentimientos de tristeza, al no sentir merecimiento de tener o vivir lo que otros tienen, llegando a tal punto de ignorar lo que realmente importa: los deseos que provengan de nuestro Ser esencial, de nuestro “Yo Superior”. Vivir en envidia es no tener la capacidad para reconocer cualidades y posesiones propias, no sentirse merecedor de todo lo que nuestro Ser desea en su esencia divina.


Vivir en envidia es hacerlo desde los esquemas del EGO y de la dualidad, siempre queriendo comprarse y competir con los demás, buscando únicamente la forma de sobrevivir, ser aceptado y tener el control sobre los demás a partir de lo que tengo o lo que soy.


La envidia, como cualquier otro trastorno de la personalidad, hace parte esencial de un camino evolutivo del Ser, y es deber de quien lo “padece”, decidir trascender esa limitación. Es precisamente a través de ese proceso de sanación, que el Ser adquiere la sabiduría necesaria para encaminarse a cumplir su propósito de vida.


Para soltar la envidia de nuestra personalidad y no seguir queriendo vivir los deseos ajenos, es necesario comenzar a vivir una vida en consciencia, adentrarse al llamado “despertar espiritual”, abrir los ojos y comenzar a recordarlo todo; salirse del “olvido” original en el cual todos nacimos.


Trabajar conscientemente nuestro autoreconocimiento a través de procesos de introspección, para dejar de escuchar sólo el entorno y comenzar a escuchar en nuestro interior a nuestro Ser y los deseos que desde allí surgen. El autoreconocimiento se logra cuando el Ser comienza a identificar dentro de su Ser todo deseo propio, sus cualidades y potencialidades. A través de ese reconocimiento interno y de su Ser esencial, la persona busca aprobarse a sí mismo y no esperar que su entorno lo haga, pues comienza a darse cuenta que es él mismo el único capaz de crear la realidad que conscientemente desea vivir, siempre guiado por el Ser y sus deseos auténticos y coherentes con su propósito de vida. El reconocimiento del Ser es el punto de partida para trascender la envidia y comenzar a vivir en coherencia con el Ser.


Recordar que la envida y los otros trastornos de la personalidad son tan sólo un trabajo más qué nuestro Espíritu planeó vivir para transcender limitaciones y elevar su nivel de consciencia. Ábrete a reconocerte como un Ser Espiritual en la tierra, a observar toda limitación que hoy tienes y enfócate en sanarla al mismo tiempo que aprender en el proceso.


Aprender a Ser Humanos; el camino para llegar a la Unidad, a Dios (o cualquiera que sea el nombre de tu deidad).


Namasté

 
 
 

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